Lo retrógado está de moda
Por Marcela Espíndola
Un teléfono suena. Una llamada anónima alerta. La policía pronta, la justicia también, a allanar una clínica donde se está interrumpiendo un embarazo. La noticia llega a los medios. Los conservadores se horrorizan. La Iglesia se pronuncia por “la vida, desde la concepción hasta la muerte natural”. Y la discusión sobre el derecho adquirido de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos se somete nuevamente a discusión, como hace 30 años atrás.
Este parece ser el modelo con el que la nueva Iglesia de Ratzinger ha decidido intervenir, o mejor dicho, meter la cola en la política. Ya no son reflexiones filosóficas ni sugerencias morales, son propuestas políticas. Tanto en España como en Italia, la apuesta se redobla con vista a las elecciones del 9 de marzo, y del 13 y 14 de abril, respectivamente.
El problema de tener al Vaticano de vecino
A mediados de febrero, y en medio de la fuerte ofensiva del Vaticano contra la ley que hace 30 años legalizó en Italia la interrupción voluntaria del embarazo, la policía irrumpió en un hospital público napolitano donde una mujer acababa de someterse a un aborto y secuestró el feto.
Si bien en un principio la policía pensó que se había practicado un aborto ilegal finalmente se constató que la práctica estaba en el marco de lo legal, decidido luego de que un estudio prenatal (amniocentesis) indicara que el feto padecía enfermedades que podían determinar graves malformaciones.
Si bien lo escandaloso del allanamiento es ahora materia de investigación sumaria y judicial, el caso reavivó la polémica sobre si hay que modificar, o no, la ley 194 que el 22 de mayo de 1978 reguló la tutela de la maternidad y la interrupción voluntaria del embarazo. En este contexto, la ministra de Salud Livia Turco, denunció que ha 'comenzado una caza de brujas' en Italia. Y consideró que la irrupción de la policía 'es el reflejo de un clima de tensión inaceptable que se ha creado en torno a una de las decisiones más dramáticas para una mujer, como la de renunciar a la maternidad' (La Nación, 14 de febrero).
El caso produjo fuertes reacciones porque los sectores laicos italianos acusan a la Iglesia de movilizar grupos católicos para conseguir cambios en la legislación, mientras que los sectores antiabortistas sostienen que no quieren cambiar la Ley 194, sino aplicarla con más rigor.
Una semana antes, dos hechos habían orientado el debate público. Uno, un llamamiento realizado por médicos de las clínicas universitarias a toda la comunidad galena para aplicar terapias intensivas a aquellos fetos que presenten signos de vida tras la interrupción del embarazo, incluso aunque los padres estén en contra.
El otro, una campaña pública lanzada por Giuliano Ferrara, director del diario Il Foglio (http://www.ilfoglio.it/), para que se establezca una moratoria contra el aborto. La propuesta de Ferrara es revisar la ley 194, tras la aprobación en la ONU de una moratoria sobre la pena de muerte, ya que Ferrara sostiene que el aborto representa también una condena a muerte: “la aplicación de la pena capital a un ser indefenso”.
Es que Italia tuvo un papel decisivo por la moratoria de la pena de muerte en el mundo, sobre todo con su voto en diciembre de 2007 para su aprobación en la ONU. Pero este empeño humanitario y unánime, ha sido utilizado ahora como argumento oportuno para desencadenar una campaña contra la ley sobre el aborto.
Ferrara, a quien el escritor italiano Antonio Tabucchi denominó el “verdadero ideólogo” de Berlusconi, sostiene que en los últimos 30 años se han hecho 1.000 millones de abortos en el mundo, y que 'en Asia peligra el equilibrio demográfico debido a un infanticidio masivo de magnitud épica'. Así en la página del periódico que dirige, invita a los progresistas a abandonar las fórmulas y aceptar una discusión honesta sobre
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