Aborto
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Lucha continua. 21-10-2005

Brasil y Colombia pasaron a liderar la batalla continental por la despenalización y legalización del aborto. Mientras en esos países hay procesos judiciales y legislativos en marcha, en el resto del continente las aguas tampoco están mansas. 

POR SANDRA CHAHER

  Si el mapa del continente americano reflejara la situación del aborto en cada país, sería difícil terminar de dibujar las fronteras.

  Cuando una línea parece estabilizarse, en otra región hay que empezar el trazado de nuevo.

  Así fue desde el 2004 y siguió durante el 2005. Un geólogo diría que estamos en una fase de movimientos de la tierra, algunos más profundos y otros más superficiales, pero las capas están moviéndose en un ondular que tiende, salvo excepciones, a la despenalización.

  Si a fines del 2004 parecía que el proceso continental era liderado desde el Cono Sur por Argentina y Uruguay –con el debate que se inició aquí a instancias del Poder Ejecutivo, y la llegada al poder del Frente Amplio en Uruguay, previa media sanción en ese país de una Ley de Defensa de la Salud Reproductiva que autorizaba el aborto y que se esperaba que el partido gobernante transformara en ley-, quienes en este momento son ejemplos continentales son Colombia pero fundamentalmente Brasil.

La batalla recién empieza

  El pasado 27 de septiembre entró al Parlamento brasilero un proyecto de ley que prevee la despenalización del aborto en todos los casos. Elaborado por una comisión tripartita convocada desde el Poder Ejecutivo, el proyecto de Ley Nº 1.135/91 propone que el embarazo pueda ser interrumpido hasta la decimosegunda semana de gestación; en caso de “violencia sexual” hasta la semana 20; y  también podrá ser interrumpido en cualquier momento en caso de riesgo de vida para la mujer, una anomalía encefálica grave en el feto o si se manifestara incompatibilidad con la vida.

  Apoyado por la Secretaria Especial para los Derechos para las Mujeres, la médica Nilcea Freire, quien convocó a fines del 2004 a la comisión tripartita que se encargaría de revisar la legislación punitiva sobre el aborto, el proyecto cuenta también con el respaldo de varios ministros y, fundamentalmente, con el del presidente Ignacio Lula Da Silva. Lula ya había dado señales de su compromiso en defensa de los derechos sexuales y reproductivos cuando, en marzo del 2005, dictó una norma que permite que las mujeres violadas exijan que se les practique un aborto en las instituciones públicas tomando en cuenta su palabra, sin necesidad de denuncia policial.

  Actualmente, el aborto en Brasil sólo está permitido en casos de violación y cuando está en riesgo la vida de la mujer. Sin embargo, es la cuarta causa de muerte materna, y se calcula que anualmente se realizan entre 700 mil y un millón de abortos.

  Si bien, como era previsible, la Iglesia ya manifestó su disconformidad, y se preveé una dura batalla parlamentaria, son muchos los sectores de la sociedad que apoyan la iniciativa del Ejecutivo. Desde el movimiento de mujeres hasta la Asociación de Abogados y miembros de la Corte Suprema de Justicia, además de algunos medios de comunicación que el pasado 8 de marzo dieron una cobertura extraordinaria al Día Internacional de la Mujer dedicando la mayoría de las notas al tema del aborto.

Boca de dama

  En Colombia las aguas también están siendo agitadas por mujeres. Lina Moreno, la esposa del presidente Alvaro Uribe, acaba de sumarse a la polémica que atraviesa el país desde comienzos de este año declarando que está a favor de la despenalización “en casos especiales”: si hay violación o riesgo de muerte de la madre o el bebé.

  Sus declaraciones sorprenden por varias razones: provienen de una primera dama que hasta ahora se había mantenido prescidente sobre temas políticos; fueron argumenta

 

 

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