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Ser hombre en Chile
| 29.11.2007
Los estudios sobre identidades masculinas en América Latina dan cuenta de transformaciones en las formas de ser hombre y en las normas acerca de lo que debe ser un varón. El investigador en estudios de género José Olavarría reflexiona sobre la relación entre políticas públicas, familia y relaciones e identidades de género en Chile, desde el fin de la dictadura militar hasta el proceso de reformulación del Estado.
Durante décadas, ciertas concepciones acerca de la masculinidad han dado sentido a la vida de los varones como padres, como autoridad del hogar, como trabajadores y proveedores, con el espacio público como su dominio. Es necesario poner esta cuestión en debate para evaluar sus consecuencias en términos de equidad y diversidad de y entre hombres y mujeres.
El sociólogo José Olavarria es profesor e investigador en estudios de género. Ha publicado extensamente sobre varones y masculinidades. A través de sus estudios ha sido testigo y registrado la situación de los varones en Chile a lo largo de la última década. En esta entrevista comenta los cambios que se han producido durante ese tiempo.
- Se cumplen casi dos décadas desde el fin de la dictadura de Pinochet (1972 - 1989) ¿Cuáles son a su juicio los principales cambios que han experimentado los varones con respecto a aquella época?
- En la época en que aún reinaba Pinochet, los hombres se sentían perplejos ante una situación donde no tenían capacidad de respuesta: ‘¿debería ser el proveedor y no lo soy?; ¿tendría que ser el jefe de hogar, que me respeten y mi familia no lo hace tanto?; ¡lo hago tan bien y mira cómo me critican!; trato de estar todo el día con mis hijos y sin embargo mi mujer dice que no lo hago; no entiendo qué pasa; no se qué pasa conmigo’.
Estas preguntas revelaban una incomodidad desde la vivencia personal. Las respuestas estaban en el nivel de lo subjetivo, no en el ámbito de la productividad. Estas incomodidades personales se daban por igual entre ricos y pobres, pero en lo que sí había diferencia era en los recursos que tenía cada uno para enfrentar esta realidad.
En los sectores más precarios, la vida no era respetada. Los hombres quedaban cesantes en sus trabajos y no contaban con redes de apoyo ni ahorros, como sí sucedía en los sectores profesionales donde, al margen de una baja en la autoestima personal, siempre hubo más recursos.
En el ámbito de la sexualidad, las opiniones eran muy parecidas y cruzaban cualquier grupo social. Era una especie de falocracia donde el tema del pene era central. La gran preocupación era de qué porte lo tenían, el tamaño era una cuestión de virilidad.
- Usted postula, sin embargo, que luego de casi 20 años de democracia, la detención de Pinochet en Londres (26 de octubre de 1998), como hito político, nos sitúa en un contexto diferente, no sólo en la esfera pública, sino también de procesos más íntimos.
- Los hombres han empezado a hablar más de su propia intimidad. Queda atrás el temor de que se trasluzca algún tipo de opinión, a diferencia del comportamiento de carácter clandestino de esos años. Se discute más la obligación de ser el proveedor, la autoridad. ¿Por qué esto es importante? Por la capacidad de comunicar la intimidad y hablar acerca de sí. Ahí comienzan a cuestionarse si, efectivamente, estas cosas son tan personales o no.
- ¿Hubo durante estos años cambios políticos que hayan modificado la situación de los hombres?
- Hay un profundo cambio legislativo en relación a la vida privada y la familia en su intimidad. En 1994 se votó la primera ley de violencia intrafamiliar. Después vino la ley de divorcio, la segunda ley de violencia doméstica –donde el maltrato aparece tipificado como delito–, se promulga la ley de protección sexual, la de filiación y la de responsabilidad juvenil. Todas estas son leyes que afectan el papel, los atributos y los recursos de poder de los hombres.
Esta intervención política, desde el Estado, en la convivencia privada, se confronta con los procesos subjetivos de los hombres, que creen que lo que pasa en la intimidad de la familia solo tiene que ver con decisiones personales.
Por ejemplo, en el ámbito de la violencia intrafamiliar se dice que todos los hombres tienen capacidades de recursos de violencia y los atributos que l |