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Adelanto: Mujeres que trabajan la tierra
| 19.7.2007
La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, la Dirección de Desarrollo Agropecuario y el Programa de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER) acaban de lanzar 'Mujeres que trabajan la tierra. Un estudio sobre las Mujeres Rurales en la Argentina' de Cristina Biaggi, Cecilia Canevari y Alberto Tasso. Un breve recorrido sobre las políticas que en América Latina buscaron incorporar a las mujeres al desarrollo desde diferentes enfoques y una caracterización de las mujeres rurales en el país. Aquí un breve adelanto del libro.
Prólogo
En 1989, la entonces Secretaría de Agricultura y Pesca (SAGyP) inició en Argentina un programa pionero de desarrollo dirigido a mujeres rurales de seis provincias del noroeste: Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán y La Rioja. Comenzó así un proceso que no se ha detenido hasta hoy, a pesar de las dificultades que profesionales e instituciones han tenido que enfrentar en tantas ocasiones a través de estos 18 años transcurridos.
Como todo proceso de cambio y de introducción de nuevos paradigmas, éste tuvo muchos detractores pero también muchos seguidores entre los cuerpos técnicos, profesionales y de las autoridades tanto nacionales como provinciales, pero fue la voluntad política férrea de un pequeño grupo de profesionales mujeres lo que permitió que el programa siguiera adelante. Quienes siempre adhirieron al programa, con el convencimiento que con él crecerían y nunca volverían a ser las mismas, fueron las mujeres de esos primeros seis grupos que se formaron y que vieron en él, por primera vez en sus vidas la oportunidad de una transformación tanto en lo personal como en lo económico.
El libro Mujeres que trabajan la tierra, devela quiénes son las mujeres rurales, cuáles son sus intereses y motivaciones y cómo se insertan económica, social y políticamente en una Argentina que ya hace muchas décadas dejó de ser un país rural, pero a pesar de lo cual su población concentra parte de los problemas de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas, las cuales el Estado se ha comprometido a enfrentar.
Como nos dicen sus autoras, las mujeres rurales argentinas, especialmente las campesinas, comparten con el resto de mujeres rurales de América Latina esa específica pero a la vez imprecisa relación que existe entre trabajo productivo y trabajo reproductivo, cuya consecuencia más notable es la invisibilidad de su trabajo productivo y por lo mismo su ausencia en las cuentas nacionales como una trabajadora que aporta al Producto Interno Bruto. También entre ellas comparten realidades como la dispersión geográfica y la lejanía de los centros urbanos, lo que afecta su acceso a los servicios básicos y de calidad a que toda familia aspira: salud, educación, información, vivienda, caminos, comunicación, entre muchos otros.
Pero es claro que esta realidad afecta de manera diferente a hombres y mujeres, siendo las segundas más vulnerables a las situaciones de pobreza, ya que tienen comparativamente menos acceso a la educación, menor acceso a la propiedad de la tierra, menor acceso al empleo, salarios más bajos por el mismo trabajo, menor oportunidad de acceso a trabajos estables y bien remunerados. A esto se agrega la responsabilidad absoluta del trabajo doméstico y la crianza de los hijos, factor que innegablemente limita sus opciones y oportunidades de trabajo y de participación social y política.
Todos estos factores intervienen negativamente en la posibilidad de organizarse en torno a intereses y demandas comunes que les permitan superar las limitaciones a las cuales se enfrentan. Pero el esfuerzo y acompañamiento de instituciones gubernamentales y no gubernamentales, religiosas y laicas, nacionales e internacionales, han permitido que las mujeres rurales argentinas tengan hoy día una voz y una presencia a nivel local, provincial y nacional. Es a través de estas agrupaciones que las mujeres están luchando por mejores ingresos, crecimiento de su capacidad técnica productiva, espacios en los mercados para sus productos, acceso al crédito, a la salud reproductiva, a la educación, a la vivienda, en fin, a la dignidad de ser personas y ser tratadas como tales por una sociedad que las discrimina.
La importancia de este libro se asienta en cuatro pilares. El primero es sus autoras. Nadie más que ellas conocen, han trabajado codo a codo y han acompañado a los grupos de mujeres rurales desde sus inicios. El segundo es el contenido |