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'Las mujeres tenían el monopolio de la educación'.

Los maestros varones, el fin del imperio de La Seño
Por Romina Ruffato | 11.9.2007

Natalio Pochak se recibió de maestro en 1999 con 300 compañeras mujeres y el instituto donde estudió no tenía baño de hombres. Maximiliano Glorioso estudió en el Normal 6 con un sólo compañero varón. Aún así la presencia de los varones en los niveles iniciales está empezando a notarse y la llegada provoca varios cambios. Desde padres horrorizados que sacan a sus hijos de escuela hasta nuevas pautas de trabajo con niños que juegan a las ollas y baños comunes para nenas y varones.

Son jardineros. No de esos que cortan el pasto, podan los árboles y les ponen palos a las plantas para que crezcan derechitas. Son maestros varones y trabajan en el nivel inicial. Según el Censo Docente 2004, elaborado por el Ministerio de Educación de la Nación, representan 5.6 por ciento de los y las casi 63.000 maestras y maestras de jardines de infantes del país. En la Ciudad de Buenos Aires, el porcentaje alcanza 4.4 en la gestión estatal y 7.8 en el sistema privado. Dispuestos a involucrarse en una profesión considerada femenina, los varones que eligen esta carrera saben que corren contra los prejuicios y las fantasías de un modelo acostumbrado a que en la sala manda ‘la seño’.

Natalio Pochak hubiera sido periodista deportivo. Pero no. Se recibió de Profesor en Educación Inicial en 1996 y desde entonces trabajó en salas de distintas edades. Ahora está a cargo del grupo de cuatro años en el colegio Mundo Nuevo. “No comparto la idea de que somos transgresores por nuestro ingreso a educar a la primera infancia. Creo que las mujeres tenían el monopolio de la educación infantil y como quisieron abrir otros caminos, tuvieron que abrir el suyo también. Es el resultado de la lucha feminista”, plantea.

Lo cierto es que todavía siguen siendo pocos los varones que se animan a ocupar este espacio. Jujuy es la provincia que más maestros jardineros tiene con un 13.9 por ciento del total de docentes de ese nivel y Santiago del Estero la que menos, con apenas el 2 por ciento. Estos datos del Censo Docente corresponden a quienes están en función frente a alumnos, o sea que se excluyen los cargos directivos.

La presencia de un varón en el jardín invita a repensar la manera en que se reproducen, rígidos e incuestionables, los estereotipos de género. Claro que con el sólo hecho de que un hombre atraviese la puerta de un sector que parecía de acceso restringido no alcanza. Para quebrar con la naturalización de los roles femenino/masculino, parece necesario generar proyectos verdaderamente integradores. En ese sentido, a Natalio le llamaba la atención que niños y niñas no compartiesen sus estrategias lúdicas, sino que se situaban en la distinción más típica de los nenes jugando a la pelota y las nenas con disfraces. Junto con su compañera, decidieron encarar un trabajo para que lo ‘obvio’ dejara de serlo. “Generamos situaciones de juego en las que los roles no fueran estereotipados –cuenta- Por ejemplo, jugamos al médico, con lo que se podía representar a un médico o una médica, un papá o una mamá, es decir roles complementarios y no sustitutivos”. El supermercado con vendedores/as, cajeros/as y clientes/as fue otra opción, además del teatro donde hubo actores y actrices. Se pretendió otra vinculación también fuera del jardín, para que las nenas visitaran las casas de los nenes y viceversa.

Está visto que introducir prácticas concretas que tiendan a promover un ambiente más equitativo es factible, aunque se parta de situaciones muy anquilosadas.

“Los estereotipos saltan a la vista de cualquiera que quiera verlos desde el primer momento que se ingresa a una institución del nivel inicial: trenes separados de nenes y nenas, guardapolvos, tazas, percheros, carteles identificatorios, manteles, toallas y demás elementos rosas y celestes. Todos estos elementos pueden asociarse a la construcción de lo femenino y de lo masculino sin que medie la preferencia personal”, explica Sara Felmer, profesora de Nivel Inicial. Ella escribió una tesina sobre la “Desigualdad entre varones y mujeres en la educación inicial” para la Universidad de la Patagonia Austral. En el trabajo de campo recorrió jardines de infantes de la provincia de Santa Cruz donde 8.1 por ciento de los puestos docentes del nivel son ocupados por varones. Allí observó que si bien existía un momento de juego libre en la jornada escolar para que nenas y nenes pudieran decidir en la práctica, dice ella, eso “se convertía en un nuevo encasillamiento y re

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