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| Remesas, principales ingresos en paises pobres |
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Migraciones: La búsqueda del sol propio
Por Mirta Rodríguez Calderón, desde Santo Domingo | 19.10.2006
Numerosas reseñas difundidas en los últimos meses dieron cuenta abundamente de las pesadillas que viven los migrantes en el mundo. Todo es cierto. Pero la migración también aparece como una ventana al mundo y un espacio de liberación y de empoderamiento para los paises mas pobres del continente.
'La felicidad nunca hizo novela.'
La afirmación es de Jorge Amado, el novelista brasileño universal. Y viene a cuento en estos tiempos para aludir al aspecto más sórdido del fenómeno de la migración.
En un solo día de la primera semana de setiembre, en un periódico de la República Dominicana aparecieron estos tres titulares: “Detienen a otro grupo de indocumentados dominicanos en Puerto Rico”, “Procuraduría investiga mafia que trafica con cubanos”, “Reanudan marchas los inmigrantes en ciudades de EE.UU.”
Hay en este momento reseñas numerosas del Informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, cuyos contenidos –con toda propiedad– exaltan las violaciones de derechos humanos; los riesgos en los cruces de fronteras; las condiciones mas difíciles en que migran las mujeres; y los altos niveles de explotación de la fuerza de trabajo que estos contingentes humanos, el 3 por ciento de la población mundial, sufren en los países y hogares de acogida.
Todo es cierto. Pero también que la migración es una ventana al mundo, un espacio para abrir las alas y volar con el aire de que se disponga; y para encontrar modos de ayudar a la familia propia y al país de origen con el monto y la importancia económica que tienen actualmente las remesas.
Países empobrecidos de nuestro continente tienen en segundo lugar de sus ingresos el aporte de su gente que está y sobrevive en el primer mundo. Así es para República Dominicana, para Cuba, Ecuador y Nicaragua, entre otros.
En casi toda la región, las cifras y las estadísticas son precarias. Pero el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas ofreció hace poco datos reveladores por boca de Ibrahim Awad, director del Programa de Migración Internacional de la Organización Internacional del Trabajo:
'Se calcula que en el 2005 la cifra fue de 160.000 millones de dólares, a través de mecanismos oficiales, y 250.000 millones si se consideran los canales informales. Todo esto contribuye a mejorar el capital humano, un aporte vital para el desarrollo en las naciones de origen', dijo el funcionario.
Indocumentados, ilegales, disidentes, espaldas mojadas, invasores y hasta criminales (esta última la peor acusación entre las muchas que las fuerzas retardatarias estadounidenses han hecho a los migrantes) son algunos de los epítetos con los que el presente nombra a los y las (porque ellas son el 49,7 %) protagonistas de este fenómeno que desborda países y fronteras.
Remesas, envíos, aportes, mesadas se dice a eso que llega como resultado de tener un pariente migrante que piensa en quienes dejó atrás.
Puede ser un haitiano que rompe piedra o recoge cacao bajo un sol que le estira la piel, o una haitiana que vende frituras, en República Dominicana; una árabe que se va a hacer trabajo sexual en Barcelona; una argelina que se araña un espacio en Francia; una marroquí o una ecuatoriana que en la Italia de hoy cuestiona al sistema y hace sentir incómodos a muchos de sus nacionales.
Diputada al parlamento italiano
Mercedes Frías es una dominicana que, lidiando con migrantes en Italia desde que se asentó allí hace más de una década, creció hasta ser ahora diputada, elegida el pasado abril por el Partido Refundazione Socialista. Fundadora de la cátedra de Inmigración en la Universidad de Venecia y figura prominente en Florencia, ella tiene una visión y un criterio avalado con su propia piel:
“El extranjero es un ser humano que, con su presencia, está interrogando a la sociedad a donde llega. La dinámica de esa relación está determinada por el conocimiento de que el poder nadie lo cede: hay que arrebatarlo”.
“Las mujeres vivimos un primer tiempo de confrontación por la asimetría entre migrantes y nativas: una estructura de poder donde ellas eran siempre las que dirigían y nosotras ‘las obreras’”, dijo la Diputada a SEMlac.
“La mayor parte de las mujeres migrantes en Italia lo q |