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Derribando prejuicios
Por Alejandra Waigandt | 15.4.2009

Entre 15 y 20 adolescentes de la Villa 31, en la ciudad de Buenos Aires, juegan al fútbol gracias al Programa Goles y Metas. En ese barrio marginal, los prejuicios culturales son profundos: no se ve bien que las mujeres, que deben dedicarse al cuidado de la casa y la familia, participen en este deporte. Sin embargo un equipo de profesionales ofrece a las chicas la posibilidad de practicar una disciplina grupal y de disfrutar de su tiempo de ocio.

''¡Siempre nos preguntan lo mismo!'', se queja Jessica, delantera del equipo de fútbol femenino de la Villa 31, en relación a los y las periodistas que entrevistan a las futbolistas cada vez con mayor frecuencia. La noticia es el Programa Goles y Metas para las Chicas de la Asociación Civil Democracia Representativa, que funciona en uno de los barrios más pobres de Buenos Aires. Allí la entrenadora Mónica Santino, la psicóloga social Liliana Cuevas, y la coordinadora del proyecto Carolina Thompson trabajan con adolescentes de entre 12 y 17 años para trasformar estereotipos de género a través del juego.

''Jessi, vos respondiste estas preguntas para otros medios, pero no para Artemisa'', intercede Santino mientras deposita la pelota del equipo en una mochila. Llegaba a su fin el entrenamiento de los martes en la cancha comunitaria, ubicada a unas cuatro cuadras de la estación Retiro. Esa tarde 8 jóvenes llegaron desde distintos puntos del barrio y consiguieron entrenar, pero hay ocasiones en las que los varones ocupan el lugar y ellas deben esperar a la siguiente cita. La falta de espacio es un problema clave, sin embargo las profesionales del Programa Goles y Metas buscan la manera de trabajar sin esa contención martes y jueves.

''Yo pregunto, yo pregunto'', canturrea Belén dando saltitos en el interior del grupo reunido alrededor de Carolina Thompson, quien reparte pedazos de torta de chocolate para celebrar el cumpleaños de Jessica. Belén es una de las defensoras del equipo. Dice que en dos años, cuando termine la escuela secundaria, estudiará locución. ''¿Te bañás después de jugar al fútbol?'', pregunta a sus compañeras ofreciendo un puño cerrado a modo de micrófono, y ella misma responde: ''Me baño los domingos''. Las chicas festejan sus bromas. Luego Jessica agarra el puño de Belén y pregunta ''¿Vas a la escuela?'', para afirmar: ''Yo pregunto mejor que los periodistas!''.

''Al principio Jessi es mala, pero después afloja'', media Gisela. Ella juega al fútbol desde los 8 años y su hermana menor Anahí, ''Pela'', desde los 7. Al principio el padre no quería por los moretones que les brotaban después de un fault, una patada al aire o una caída. Finalmente en 2005 la estadounidense Allison Lasser, fundadora del Programa Goles y Metas, convenció a la familia para que les permitieran participar en este proyecto.

Lasser es socióloga y experta en fútbol femenino. Entrenó a las chicas de la Villa 31 durante dos años a pedido de un grupo de padres y madres. En ese barrio no existía ninguna propuesta grupal y de entretenimiento para las niñas y las jóvenes. En general ellas ocupan su tiempo haciendo las tareas del colegio, organizando el hogar cuando los y las mayores trabajan, y cuidando de sus hermanos y hermanas más chicas.

''Los varones tienen derecho al ocio, en cambio las mujeres deben cumplir diferentes tareas. Hay una importante brecha en el uso del tiempo entre estos géneros, y la situación es más grave para las mujeres con menos recursos. En ese marco es que sostenemos un espacio para que las chicas jueguen. Cuesta mucho, si la mamá o el papá consideran que la hija no va bien en el colegio, lo primero que le sacan es el fútbol'', explicará más tarde la entrenadora Santino.

Por todo esto en 2007 la norteamericana Lasser retornó a su país de origen, donde consiguió fondos para garantizar la continuidad del Programa Goles y Metas. En ese momento la coordinación quedó a cargo de la Asociación Civil Democracia Representativa, fundada tras la crisis de 2001.

- ¿Quién les enseñó a jugar al fútbol por primera vez?

''Nadie. Armamos el equipo solas'', afirma Jessica un poco más dispuesta a participar en la charla. Candela, Marisel, Pamela y Yesenia intervienen de vez en cuando para confirmar los comentarios de sus compañeras. De repente Belén persigue a la cumpleañera y le arroja unos huevos que compró en el almacén lindante al campo de juego. Algunas chicas también salen tras ellas. ''Es difícil que las chicas presten atención más de 15 minutos, posiblemente tenga que ver con el contexto social en el que viven, donde hay que estar en permanente alerta'', señala Mónica Santino.
 
Tutti aprovecha la ida de Belén y Jessica para contar que el primer entrenador que tuvieron, Walter, las estafó. ''Nos dijo que íbamos a jugar campeonatos con camisetas, botines y todo eso, pero nunca nos dio nada'', acusa. La defensora recuerda que ''antes era correr la pelota nomás.''

''Allison nos enseñó las técnicas'', apunta Jessica de vuelta en la ronda. ''Con Allison empezamos a jugar campeonatos académicos. A Mónica la conocimos en uno de esos campeonatos. Es la entrenadora del equipo de Martelli y esa vez nosotras le ganamos'', fanfarronea Tutti, dedicándole una sonrisa burlona a su entrenadora, pero su hermana Pela aclara que ''las de Martelli nos ganaron 2 a 1''.

Santino entrena a las adolescentes de Villa Martelli desde 2003, en el marco del Programa Fútbol Femenino para Adolescentes, del Centro Municipal de la Mujer de Vicente López. Debido a esta experiencia la norteamericana Alisson Lasser le confió el grupo de la Villa 31. Aunque también pesó el objetivo de tener una entrenadora con perspectiva de género. ''A través de Mónica las chicas aprendieron que el fútbol femenino tiene otros matices y no es necesario jugarlo como los varones'', precia Carolina Thompson, que desde fines del año pasado reemplaza a Hugo Passarello Luna en la coordinación del programa. Es el nexo entre las personas que trabajan en terreno y la ONG.
 
Tutti, Pela, Jessica y Belén se conocen desde hace años, aunque se hicieron amigas jugando al fútbol. En cambio, Marisel ingresó al grupo el año pasado y es la más joven de las jugadoras. Confiesa que a veces falta porque es la mayor de cuatro herman@s y se encarga de cuidarl@s. Pamela, una de las goleadoras, no tiene hermanos y aprendió a jugar al fútbol de sus primos. Quiere dedicarse a este deporte cuando termine el colegio secundario.

Una curiosidad es que los varones suelen invitar a Pamela a pelotear, eso sí, si los pases le salen bien y mete goles la aplauden, pero si se equivoca le dicen que vaya a lavar los platos. ''A las chicas se les perdona menos'', explica Thompson.

No obstante, las chicas de la Villa 31 están concentradas en divertirse, para eso juegan, según cuentan ellas mismas. También les encantan los campeonatos, ya que pueden probarse con otras jugadoras. Igualmente organizar torneos no es una tarea fácil. Sábados de tarde y domingos los varones son ''dueños'' de la cancha. Las mujeres deben conformarse con los sábados de mañana, inclusive para asegurarse el lugar tienen que contratar a un vecino para que coloque redes en los arcos y marque con cal las líneas de banda.

En el fútbol argentino, dice Santino, la mujer ha ocupado el rol de espectadora en vez de protagonista. Se cree que es un deporte masculino y que las mujeres son incapaces de practicar este juego colectivo. El Programa Goles y Metas está orientado a trasformar esos prejuicios culturales.

El programa

Goles y Metas propone un espacio de reflexión, a cargo de la psicóloga social Liliana Cura. La experta participó en la implementación del Programa Fútbol Femenino para Adolescentes en Vicente López. En la Villa 31, Cura lleva adelante conversaciones individuales o grupales con las jugadoras al final de las prácticas en la cancha de nueve. De esa manera puede ir detectando problemas.

Por otra parte, voluntari@s de Democracia Representativa enseñan inglés los miércoles, en repuesta a una de las demandas de las futbolistas. Se creó además un boletín electrónico donde se publican las fechas y horario de los partidos.

El próximo sábado 25 de abril a las 10, las chicas juegan de local contra el Club de Jóvenes.

Artemisa Noticias
 

 


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