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Género, poder y discursos sociales
| 17.12.2007
Acaba de lanzarse en Argentina el libro “Género, poder y discursos sociales” de July Chaneton (Eudeba S.E.M.). La autora, doctorada en Letras y especialista en Estudios de Género, ofrece en estas páginas una vía de abordaje sociodiscursivo para el examen y comprensión del proceso histórico de la configuración de subjetividades, ya que inseparables del conjunto de las prácticas sociales, las diferencias de género dejan su marca más o menos visible, más o menos constitutiva, en el hacer humano colectivo. Ofrecemos un adelanto del primer capítulo.
Capítulo 1. Teorías y prácticas feministas1
La metáfora contenida en la denominación “feminismos de la segunda ola” refiere a la re-emergencia del movimiento social de las mujeres, si se entiende por “primera ola” las luchas por el derecho a votar que las sufragistas iniciaron en el siglo XIX.2 Al momento de la segunda posguerra, durante el siglo pasado, se había logrado el voto femenino en las sociedades democráticas y a partir de entonces son las nuevas condiciones de existencia de las mujeres de las capas sociales medias (mayor inserción en la esfera pública laboral, mayores niveles de escolarización, liberación de la vida sexual por el acceso a la nueva tecnología anticonceptiva) las que hacen posible el surgimiento del colectivo como nuevo sujeto social plural, capaz de generar autocomprensión sobre su devenir histórico. El presente capítulo consiste en una lectura del campo teórico de los feminismos –especialmente la tradición anglonorteamericana– en su relación con las prácticas políticas del movimiento social y sus organizaciones.3
De las distintas vertientes y problemas fueron seleccionados aquéllos que resultan productivos para el trabajo analítico con la materialidad discursiva, así como poderosas sugerencias teóricas todavía activas a la hora de repensar asuntos centrales de la política de las diferencias de género. En particular, la conceptualización del género como diferencia sociocultural entramada con la desigualdad y el problema del sujeto de la teoría feminista en el estimulante encuentro con el postestructuralismo.
Nos interesó detenernos en los momentos en que el discurso feminista vuelve sobre sí la mirada crítica y re-examina sus herramientas conceptuales, habilitando así la posibilidad de liberar la imaginación para el saber y la política. Es el rasgo característico que radicalizó el espacio de lo que hoy se conoce como postfeminismo, término que, en principio, cabe referir exclusivamente al campo teórico-académico4. Alude a una forma de pensamiento en proceso, abierto a otras textualidades provenientes de movimientos políticos y filosóficos que se encuentran buscando “pensar de otro modo” y que se interesan por una articulación política de los relatos de las diferencias socioculturales. Una manera de volver a pensar a partir de lo pensado, releyendo las nociones a la luz de los nuevos interrogantes y las transformaciones en la contemporaneidad social, una vez que los gestos fundacionales del feminismo de la segunda ola se han integrado de modo parcializado y a menudo resignificado en nuevas interpretaciones, al tiempo que han permeado difusa y contradictoriamente las prácticas identitarias de los distintos sectores de la vida social.5
No se nace mujer
En 1949 se publicó en París, El Segundo Sexo, texto precursor en el que Simone de Beauvoir (1908-1986) desarrolla y fundamenta la novedad de su célebre tesis “No se nace mujer: llega una a serlo” (1977, tomo II, p. 13), lo que podría traducirse hoy como devenir sociocultural de un cuerpo sexuado. Basándose principalmente en un enfoque filosófico de cuño hegeliano, Beauvoir ofreció la primera explicación de la cuestión política de fondo: el hombre se configura como tipo humano absoluto, a la vez lo positivo y lo neutro, mientras que la mujer es el término negativo necesariamente vinculado como alteridad respecto del sujeto masculino.
“La categoría del Otro –afirma Beauvoir– es tan original como la conciencia misma” (ésta y las siguientes citas: “Introducción”, op. cit., pp. 9-25). La antropología cultural ha estudiado el fenómeno por el cual el concepto del “otro” funciona de modo relativo y recíproco y así “extranjero” es un signo vacío –como podemos decir hoy– que varía de sentido de acuerdo con la posición relativa del nativo (extranjero para los otros cuando viaja, del mismo modo que los otros son extranjeros para él, cuando visitan su comunidad). Est |