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¿Quiénes son los ''inadaptados de siempre''?
Por Tomás Veitz | 20.6.2006

Durante el Mundial las barras bravas parecen hasta educadas. El ánimo de fiesta que anima la mayor competencia futbolística diluye los enconos bestiales que pueden desatarse en una cancha de cualquier país del mundo ante un partido local. Pero esos hinchas apasionados, violentos, inadaptados, existen y están también en los estadios lujosos de la Alemania mundialista.

“A esos putos les tenemos que ganar, a esos putos les tenemos que ganar…”, rugen con ese cántico de guerra las hinchadas de cualquier equipo del fútbol argentino cuando se ven las caras con sus rivales en un estadio.

No importa de qué color sea la camiseta ni cuántos sean los que acompañan esa pasión, todos los clubes tienen su barra brava correspondiente, la cual tiene también una identidad masculina propia.

Esa identidad, llamada “la cultura del aguante” por ellos mismos y por aquellos investigadores que los analizan, tiene valores y prácticas comunes. Todo allí tiene un por qué absoluto, pero además se configura en contraposición a los varones que no comparten esa forma de relacionarse, y a los otros géneros.

¿Es posible que en el fútbol convivan varias identidades masculinas con diferentes valores? ¿Qué significa el “puto” en oposición al “macho” en todo esto? ¿Qué rol juega la mujer en esta historia?

Bienvenidos al análisis a los inadaptados de siempre, los violentos, los barras bravas, los aguanteros y los pibes. Bienvenidos a un análisis sin prejuicios.

Choque cultural

El barra brava argentino se construye por su fidelidad incondicional al equipo, su fervor incansable en los estadios y por su hombría demostrada en la lucha cuerpo a cuerpo con sus enemigos, ya sea la policía o los barras rivales. Esa es la conclusión a la que llegó el antropólogo José Garriga Zucal en su trabajo etnográfico llamado Soy macho y me la aguanto, que está incluido en el libro Hinchadas del sociólogo Pablo Alabarces, recientemente editado por Editorial Prometeo.

“En el fútbol convergen varias identidades de género masculina con diferentes valores. Para los que se denominan barras bravas, esa identidad de género sólo se alcanza, y se llega a ser un verdadero hombre, si se pelea por ella, es decir, hay que aguantársela. El combate es un pasaje ritual por el que debe atravesar para ser considerado como hombre por sus compañeros. Pero hay otro grupo al que le interesa el fútbol y que no tiene esos valores, ellos serían el resto de la sociedad -explica Garriga en diálogo con Artemisa Noticias-. Es interesante ver cómo hay dos grupos sociales con distintos valores y prácticas que están conviviendo: uno tiene una percepción positiva de la violencia y el otro no”.

Lo más curioso es ver cómo las apreciaciones morales se diluyen en este contexto en particular. Garriga, cuando realizó su trabajo de campo con la hinchada que acompaña al equipo del Club Atlético Colegiales, notó que esos mismos actores, en su vida social, participan de un montón de actos en donde la violencia no es la parte fundante de su identidad masculina, por ejemplo son padres tan cariñosos y dedicados como cualquier otro.

Incluso el autor va más allá y desmitifica que los barras provengan exclusivamente de los sectores más bajos de la sociedad. “No todos los miembros de la hinchada pertenecen a los sectores más pobres, y no todos los pobres eligen la violencia como forma de identificación. Si bien es cierto que los que más ingresan a este ámbito son sectores populares porque las posibilidades de insertarse en la sociedad, luego de 30 años de neoliberalismo, son mucho menores que las de las clases medias y altas, la identidad del barra es un lugar positivo para ellos, es un lugar deseado dentro de sus posibilidades. Es una membresía”, afirma.

De esta forma, quienes logran poner el cuerpo, mostrar su valentía y su aguante, se transforman en barras. Es aquí donde aparece la jerarquización que halló el antropólogo argentino Eduardo Archetti en su libro Masculinidades: los “machos” son los que se la bancan y los “putos” son los rivales disminuidos que no se atreven a pelear, o lo hacen de forma deficiente perdiendo en sus combates.

Fútbol para machos

Si bien el término despectivo “puto” es vaciado de contenido y re

Artemisa Noticias
 

 


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