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Detrás de las paredes
Por Luciana Rosende | 11.7.2007
Cuando faltan horas para conocer el veredicto en el caso del feminicidio de María Marta García Belsunce y mientras se sigue instruyendo la causa de la muerte de Nora Dalmasso, el tema parece no desaparecer de los medios. La violencia doméstica en la clase alta, la vida en los barrios privados, lo que no se dice en el caso de María Marta García Belsunce y lo que sí se dice en el de Nora Dalmasso, son los principales disparadores para nuevos interrogantes acerca de la violencia de género.
Estadística uno: en la Argentina hay más de 600 barrios cerrados. Ocupan alrededor de 350 kilómetros cuadrados. Y están habitados por alrededor de 300 mil personas. Estos son los datos con los que se encontró la periodista Patricia Rojas al investigar el universo de los countries. Y los convirtió en libro: Mundo Privado.
Estadística dos: En la provincia de Buenos Aires se registraron, entre 1997 y 2003, 1.284 asesinatos de mujeres. Casi el 70 por ciento de los crímenes fueron cometidos por conocidos de las víctimas. La mitad, con armas de fuego. Esta información forma parte de Feminicidios e Impunidad, editado por el Centro de Encuentros Cultura y Mujer.
Hay un nombre que se convierte en número en ambas estadísticas: María Marta García Belsunce. Fue una dama del Country Club Carmel, un lujoso barrio cerrado de Pilar. Y fue asesinada en su propia casa, de cinco balazos en la cabeza. Ocurrió el domingo 27 de octubre de 2002. Cuatro años antes del crimen de Nora Dalmasso. Que también fue un domingo (el 26 de noviembre de 2006). En un lujoso barrio privado (Villa Golf, en Río Cuarto). Y en su propia casa.
Por estos días, estos casos aparecen incansablemente en los programas de televisión y ocupan las páginas de los diarios. Se habla de pitutos y sospechosos. De escenarios del crimen. De perejiles y cómplices. De lo que no se habla tanto es de lo que dio inicio a ambas historias: del asesinato de dos mujeres en sus casas. De dos feminicidios.
“Creo que es un término al que los medios no accedieron. Fue utilizado en lo que comúnmente se llama la academia, y el movimiento feminista lo toma políticamente recién a partir de los asesinatos de Ciudad Juárez”, analiza la periodista Gabriela Barcaglioni, quien investigó el tratamiento de los crímenes de mujeres en los medios de comunicación. “Hablar de femicidio y no de crímenes pasionales o homicidios a secas es reparar en el carácter social y cultural de la violencia contra las mujeres”, sentencia.
Vencer el límite
Cuando Barcaglioni escribió el informe “Feminicidios: cómo los medios construyen las noticias”, Nora Dalmasso todavía no había sido asesinada. No circulaba su foto bailando sonriente vestida de blanco. Ni se habían publicado las imágenes de su cadáver ensangrentado. No se hablaba de sus supuestos juegos sexuales. Ni se discutía si había sido violada o no, más allá de los signos de violencia que presentara su cuerpo. Nada de eso había pasado hasta entonces. Pero la periodista ya se preguntaba “¿Es posible pensar que los medios respondiendo al discurso dominante convierten a la víctima en victimario, justificando así su propio asesinato? ¿La mujer infiel abandona su lugar de esposa abnegada, solícita y sumisa y la muerte es el castigo?”. Barcaglioni se fue planteando estos interrogantes a medida que crecía la lista que había empezado a confeccionar: nombres de mujeres asesinadas, que aparecían en los diarios mencionadas al pasar. Crímenes cometidos por amantes, novios, maridos o ex. Crímenes cometidos en el ámbito doméstico. Pero tratados como hechos aislados. Que no trascendían las páginas de la sección de policiales.
La repercusión de los casos Belsunce y Dalmasso parece contradecir la teoría de la periodista. ¿O acaso estos crímenes de mujeres en sus propios hogares tienen algo que los diferencia y los convierte en sucesos más revelantes mediáticamente? “Creo que hay un tratamiento diferenciado de los hechos partiendo de la clase social a la que pertenecen las víctimas –opina Barcaglioni- En estos dos casos los medios escarban, hurgan entre amigos/as, amantes, familiares; pero hay más fabulaciones que declaraciones directas, en general no hablan. En cambio en otros sectores sociales hay menos resistencia a hablar del hecho: frente a una cámara o un micrófono aparecen los testimonios”.
Y es que la cuestión de la clase social de los García Belsunce |