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''O eres costurera o eres mucama''
Por Natalia L. Calisti | 25.4.2006

El incendio de la fábrica textil de Caballito, donde familias enteras vivían y trabajaban en condiciones indignas, las hizo visibles para los medios de comunicación y para buena parte de la sociedad argentina que a menudo mira para otro lado cuando lo que se ve son mujeres pobres que viven al margen de los derechos más básicos. Pero las mujeres bolivianas no solo trabajan bajo condiciones inhumanas en la industria textil, también lo hacen sembrando y cosechando verduras y limpiando casas.

Están y no están. Trabajan a destajo en las quintas de Escobar, en las fábricas textiles, en las casas de familia, pero como no tienen documentos y son mujeres y vienen de Bolivia, se les paga poco, se las echa arbitrariamente, se las esconde en habitaciones sin ventanas, se les veda el derecho a la palabra.

Nelly, Juana y Albertina viven en Buenos Aires hace más de 15 años. Llegaron del Altiplano -de Potosí, de Oruro, de Camargo- y saben de los talleres mucho antes de que seis de sus compatriotas murieran en el incendio de Caballito y las cámaras de televisión denunciaran que ahí, en un barrio de clase media acomodada, había un taller clandestino en donde se trabajaba más de 12 horas diarias por salarios de hambre.

"Todos saben como es", dice Albertina. "Te parás en la calle Cobo y esperás. Está llena de paisanos en la calle Cobo… Y los talleristas pasan y te ofrecen trabajo, aunque no tengas documentos: es la única manera de trabajar sin documentos". 

Albertina llegó a Buenos Aires hace más de 10 años. Nació en Camargo, pero creció en un centro minero, Quechislá. En la familia son siete hermanos y la que siempre trabajó en la casa fue su mamá, Alberta, que cocinaba pasteles y los vendía en el mercado. De su papá, que era zapatero, habla poco. Se fue de casa cuando Alberta esperaba el séptimo hijo y no volvió más. "Yo quedé embarazada cuando era muy niña -dice Albertina-. Tenía 17 años y a los 20 tuve el segundo". Dice que no estaba preparada para casarse y, siguiendo el consejo materno, no se casó. Y debió ser así, cuenta, porque el noviazgo duró poco y al año siguiente, dejó a sus dos hijos con la mamá en Camargo y emigró sola a La Paz, a buscar trabajo.

Fueron años difíciles. Rentó una habitación en La Paz, encontró un puesto en un salón de té y a contraturno, estudió en un terciario. A los dos años se recibió de asistente contable y después de rotar en varios puestos, entró como administrativa en el Ministerio de Trabajo de Bolivia. En eso estaba cuando un amigo le comentó que en Argentina se vivía mejor: hay trabajo y se gana en dólares. No había mucho más que pensar. "De la noche a la mañana renuncié al ministerio y me fui. Me vine por un año y ya no pude volver. No puedo volver derrotada. Me da mucha vergüenza".

Albertina está convencida de que llegó al país diez años tarde porque todas búsquedas laborales de entonces pedían secretarias de hasta 35 años con documentos al día y ella había cumplido los 34 y lo único que tenía era el pasaporte, que no la habilitaba para trabajar.

Se cansó de responder avisos clasificados y de que nadie la contratara hasta que una paisana la recomendó en una clínica geriátrica. "Estudié unos años para auxiliar de enfermería y como sabía colocar inyecciones, me tomaron a la noche, que es cuando no van las inspecciones".

Trabajó durante años, con el sueño trastocado y días enteros de insomnio, hasta que no aguantó más y se fue. "Tenía amigas que trabajaban en costura por centavos y me juré que nunca lo iba a hacer, pero la misma situación te obliga: o eres costurera o eres mucama".

Así llegó a la calle Cobo y espero horas en el banco de una plaza hasta que una paisana que tenía que viajar a Bolivia y necesitaba un relevo, la llevó a un taller, a trabajar cama adentro. Y entonces, dice Albertina, lloré.

Credenciales de éxito

Según los datos del último censo, el 4, 2 por ciento de la población que vive en Argentina nació en el extranjero: en Ciudad de Buenos Aires y en Tierra del Fuego, las proporciones aumentan a 11, 4 y 11,1. En cuanto a la población boliviana, el Instituto Nacional de Datos, Estadísticas y Censo (INDEC) señala que en el 2001, año en que se hicieron las últimas mediciones, había empadronados en el país unos 233.464 bolivianos esto es, el 15 por ciento del total de extranjeros registrados.

En Ciudad de Buenos Aires, la población foránea asciende a una

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