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Romper con el miedo
Por Claudia Castro | 7.7.2008

La Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos, AMMAR Capital, tiene nueva sede. Funciona en un cuarto piso del edificio del ONABE (Organismo Administrador de Bienes del Estado), en Mitre al 2800 en Once. A través de talleres de prevención de la prostitución, capacitación laboral, programas de acción social, cuidado de la salud y programas de contención y fortalecimiento personal e institucional, AMMAR intenta sacar a las mujeres de situaciones de prostitución.

Al ingresar se puede percibir una reciente mudanza. En la puerta de entrada hay una enorme escalera, de esas que utilizan los pintores y electricistas, en la que dos hombres intentan resolver los últimos detalles técnicos que la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos, AMMAR Capital, necesita para poder trabajar en la nueva sede, ubicada en al cuarto piso del edificio del ONABE (Organismo Administrador de Bienes del Estado), en Mitre 2815. La oficina que fue inaugurada a fines de mayo, es grande, tiene varias habitaciones y cada una de sus paredes cuenta la historia de esta asociación a través de fotos y afiches pegados.

''El objetivo de Ammar Capital es nuclear a mujeres en situación de prostitución y vulnerabilidad social. Consideramos muy importante que ellas reconozcan que tienen derechos y que se apoderen de ellos, para que puedan defenderse'' dice Teresita Sifón, secretaria de Ammar. Para ello, la asociación viene trabajando distintos aspectos de esta problemática que van desde la prevención de la prostitución; la capacitación laboral; programas de acción social; prevención y cuidado de la salud y programas de contención y fortalecimiento personal e institucional.
  
AMMAR trabaja junto con el Instituto Nacional contra la Discriminación y el Racismo (INADI) y en red con diversas organizaciones sociales. En la nueva sede se reciben denuncias y se realizan los talleres de capacitación. ''Las denuncias que recibimos son derivadas donde corresponde, si una mujer necesita ayuda la acompañamos y le enseñamos cómo conseguirla a través de los organismos y programas del Estado. En este momento no tenemos talleres de costura porque necesitamos que el Ministerio de Trabajo nos avale algún proyecto. Creemos que es muy importante la educación pero también queremos capacitación con inserción laboral para poder revertir así, la situación de prostitución de las mujeres'' opinó Sifón.

''En la organización nos apoyamos entre nosotras. Hemos preparado un grupo de chicas que son las promotoras de salud y que trabajan con la problemática del VIH/SIDA en las calles. Algunas de estas mujeres están en situación de vulnerabilidad y otras han estado en situación de prostitución. Nosotras apuntamos a la prevención de la prostitución pero para ello es necesario que se resuelvan los problemas de vivienda, educación, para poder ofrecerles otras alternativas de vida''. La secretaria de AMMAR también contó que las promotoras de salud son las que hacen el trabajo de base y las que detectan los problemas y necesidades de las mujeres. Es así, por recomendación de las promotoras, que se acercan las mujeres en situación de prostitución a la asociación. ''A las chicas que detectamos que están en situación de vulnerabilidad y que piensan en salir a las calles tratamos de orientarlas y contenerlas para que no lo hagan'' contó Sifón.

Un largo camino

AMMAR Capital tiene su origen en las luchas que un grupo de mujeres, en situación de prostitución, inició en 1995 en el marco de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). En ese momento el propósito en común fue hacer frente a la violencia policial que sufrían en torno a la aplicación de los edictos policiales. En 1998 la legislatura porteña sancionó el primer Código de Contravención que en su artículo 81, regula la oferta y demanda de sexo en la vía pública y por el cual se suprimieron los edictos policiales.

A partir de 2003 y luego de un proceso de reflexión, discusión y debate un grupo de mujeres (que luego sería AMMAR Capital) se desvinculó de la agrupación enmarcada en la CTA cuyo objetivo era trasformarse en un sindicato de trabajadoras sexuales. ''Para AMMAR Capital, la prostitución no es un trabajo sino una circunstancia. Por eso hablamos de mujeres en situación de prostitución y no de trabajo sexual'' remarcó la secretaria de la asociación.

Con el apoyo de la Iglesia Evangélica Metodista de Flores y del Partido Socialista, AMMAR Capital logró tener su propia sede en el barrio de Flores y desde allí armaron los primeros talleres de capacitación laboral para las mujeres en situación de prostitución y vulnerabilidad. Con el tiempo el local cedido por el partido socialita les quedó chico y a partir del mes de mayo, la sede funciona en el barrio de Once.

Del miedo al reconocimiento
 
Agustina es una de las promotoras de salud de AMMAR Capital. Ella, junto con sus compañeras, se encarga de la tarea de concientizar y ayudar a las mujeres en la problemática del VIH/SIDA. Su tarea consiste en entregar preservativos, contener y acompañar a mujeres en situación de prostitución a realizarse los estudios correspondientes o bien ayudarlas en lo que necesiten ya sea asesoramiento en violencia familiar, desalojo o becas para sus hijos.

La vida de Agustina dio varias vueltas. Hoy según ella ''camina con la frente en alto'', cose y trabaja por hora en una casa. Se la ve contenta y orgullosa de sí misma. Alguna vez estuvo del otro lado y entiende mejor que nadie lo que sufren las mujeres en la calle.

Agustina es de contextura pequeña. Su mirada es esquiva y su sonrisa tímida. Tiene el cabello oscuro y grandes ojos marrones que se inundan cuando recuerda su historia. Aunque su tono de voz es muy suave, cada una de sus palabras impacta a quien escucha. Tenía nueve años cuando su padrastro abusó de ella, tiempo después conoció a su marido con quien tuvo tres hijos pero cuando ella pensó que su sufrimiento había terminado; su pareja la obligó mediante golpes y maltratos psicológicos a prostituirse. Agustina recuerda con dolor las veces que estuvo parada en las esquinas con frío y cansancio tratando de juntar la plata, que su ex marido le exigía, por el miedo a recibir una golpiza. ''Yo siempre pensé que era lo único que sabía hacer, no sabía que tenía derechos'' dice Agustina.

El tiempo pasó y el marido que la había obligado a prostituirse murió. Cuando todo parecía haber terminado, se volvió a cruzar en su vida otro hombre igual, con el que tuvo tres hijos más y que también le exigía que se prostituyera. Pero la diferencia esta vez, es que Agustina no estaba dispuesta a que la humillaran más. Un día, cansada de los golpes, de las amenazas y de su doble vida, decidió denunciarlo y pidió ayuda a la familia de su marido. ''Desde ese día el papá de mis hijos no volvió más. Pero yo sé que le está haciendo lo mismo que me hizo a mí a otra mujer'', asegura.

A partir de ese momento la vida de Agustina dio un vuelco. Poco a poco se fue acercando a AMMAR Capital, comenzó a capacitarse en los talleres de costura y aprendió sobre todo, que ella como todas las mujeres, estén en la situación que estén, tienen derechos. ''Ahora ni se me cruza por la cabeza volver a la calle y sé que tengo derechos'' dice, y con una tímida sonrisa y la mirada hacia arriba, remarca: ''Ahora puedo caminar con la frente en alto sin miedo a que me discriminen''.

Artemisa Noticias
 

 


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