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La amistad gay: de Christopher Isherwood a Pablo Perez (Ensayo)
Por Raul Escari* | 27.7.2006
La amistad gay abre un espacio carente de las complejas, difíciles, ricas (aunque no siempre enriquecedoras) características de la relación sexual. Es un espacio en el que están ausentes las agresiones, injurias, ironías que sufre el homosexual a lo largo de su vida, en sus diversos ámbitos, familia, escuela, trabajo, plantea el autor.
El escritor británico Christopher Isherwood, en su admirable libro autobiográfico Christopher y su gente aborda, en filigrana, como si no fuera, lo que en verdad es, el tema central del texto: la amistad gay. El asunto se desarrolla en forma magistral a través de un invisible eje narrativo.
Curiosamente, la amistad gay es una materia que no trata en profundidad o en forma exclusiva la abundante literatura gay de nuestros días, pese a que, para muchos escritores, tendría la virtud esencial de partir de una experiencia vivida y de gozar de una diversidad casi ilimitada que no puede no encerrar una rica sustancia narrativa, en muchos casos inédita. Una pura conjetura para explicar esta curiosa ausencia sería que el asunto apela a algo demasiado íntimo en la vida del autor; esto le impide percibir su importancia o bien no se atreve a sumergirse en el tema por estar en exceso implicado existencialmente.
Para Isherwood lo que importa es "encontrar un lugar donde pueda ser lo que soy". Ese lugar, que como para muchos homosexuales se sitúa en el extranjero, fue para él la ciudad de Berlín, en los míticos años 30. Se instaló allí a los 24 años y la dejó mucho tiempo después, en pleno ascenso del nazismo (que tan bien cuenta en Adiós a Berlín) para terminar residiendo, en forma definitiva, en Estados Unidos.
El viaje a Berlín, y la posterior instalación en Estados Unidos (primero en Nueva York y después en Santa Mónica, California, donde murió en 1986) los hizo con su amigo íntimo, el poeta gay Wystan Auden, a quien conocía desde la época escolar. El libro termina con la llegada del transatlántico que transporta a Wystan y a Christopher al puerto de Nueva York, con Christopher acodado en la barandilla, "contemplando con anhelo, con nerviosismo y esperanza, la tierra en que ha de pasar más de la mitad de su vida". Antes de entrar a la dársena, Erika y Klaus Mann, "rebosantes de animación y con ganas de hablar", les "dan la bienvenida" desde la lancha del práctico.
La última frase del libro es tan conmovedora que no puedo impedirme citarla in extenso. "Sí, queridos, escribe, ambos encontraréis la persona que habéis venido a buscar aquí, el compañero ideal ante el que podéis revelaros totalmente y, aún así, ser amados por lo que sois y no por lo que fingís ser. Tú, Wystan, lo encontrarás muy pronto, en un plazo de tres meses. Tú, Christopher, deberás esperar al tuyo por mucho tiempo más. Ya está viviendo en la ciudad en que te instalarás. Durante muchos años estará cerca de tí sin que lleguéis a conoceros. Pero no serviría de nada que os conociérais ahora. En estos momentos, sólo tiene cuatro años de edad".
Este final luminoso es un implícito homenaje a la amistad, a la amistad entre él y Wystan, aunque el párrafo haga hincapié pura y simplemente en la relación amorosa o la pareja gay. Como a lo largo del relato, la realidad, la dimensión de esa amistad, como decía al principio, está sugerida, implícita, sin formulación precisa. Como en la vida, en el libro la amistad, contrariamente al amor, nunca se la formula explícitamente al otro.
Todo el relato transcurre en esta dimensión, donde lo fundamental se construye de manera alusiva y discreta. La amistad gay reaparece, como un motivo recurrente dentro de un flujo narrativo de gran transparencia y claridad, aún cuando en apariencia la historia aluda tan solo a la sexualidad. Sería difícil o imposible citar una frase que aborde concretamente esta amistad. Una amistad, sin embargo, específica y capital para la constitución del "mundo gay" y, ya veremos, para su liberación de la milenaria opresión.
Digámoslo con calma: la amistad gay es algo así como el motor primero, esencial y silencioso de la vida gay. La apertura que posibilita la calidez de esta amistad genera ámbitos vastos, serenos, ajenos a la siempre posible represión o agresión que acosa en forma constante e indeleble nuestra existencia de "homosexuales" y que se |