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| Falling, el tercer largo de Bárbara Albert |
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De eso no se habla
Por Diego Batlle, desde Venecia | 12.9.2006
Apenas media docena de películas dirigidas por mujeres formaron parte de la frondosa oferta de películas del Festival de cine de Venecia que acaba de concluir. Falling, el tercer largometraje de la joven directora, productora y guionista austriaca Bárbara Albert, fue el único título de la competencia oficial con auténtica perspectiva de género. Aquí una lectura de las películas de y sobre mujeres del Festival.
A diferencia del Festival de Berlín, donde se cultiva casi una militancia por el cine hecho por mujeres y se apuesta también por la diversidad sexual con secciones, premios y actividades específicamente ligadas a la problemática GLTB, ni Cannes ni la Mostra de Venecia (los otros dos grandes eventos del calendario internacional) se preocupan por dotar a sus programaciones de una mínima variedad de miradas.
En ese sentido, el balance de la 63ª edición de la Mostra de Venecia, que finalizó el sábado último, resultó bastante decepcionante: dentro de la frondosa oferta del festival italiano apenas se proyectó media docena de películas rodadas por mujeres (y en varios casos, para peor, codirigidas con colegas hombres).
Así, el único título de la competencia oficial con auténtica perspectiva femenina fue Falling, tercer largometraje de la joven directora, productora y guionista austriaca Bárbara Albert.
A los 35 años, la realizadora de Northern Skirts (vista en el Festival de Mar del Plata) y de Free Radicals regresó a la sección principal de la Mostra –donde su actriz-fetiche Nina Proll había ganado el premio a la actriz revelación en 1999– con un sensible y descarnado retrato de estructura coral sobre cinco amigas de la escuela que se reencuentran después de 13 años sin verse con motivo del funeral de un profesor. Lo que sigue es una larga y desatada noche de viajes, sexo casual, baile desenfrenado y mucho, demasiado alcohol: serán 36 horas sin dormir durante las cuales irá surgiendo todo tipo de recuerdos y traumas, de secretos y mentiras, de miedos y reproches, de pequeñas complicidades y grandes confesiones tan propias de mujeres que –lo saben– están transitando la inevitable crisis emocional y afectiva de quienes ya han cruzado la barrera de los 35 años.
Otra directora, la celebrada documentalista norteamericana Jessica Hope Woodworth, se quedó con el prestigioso premio Luigi De Laurentiis a la mejor opera prima (dotado con 100.000 dólares y 40.000 metros de película Kodak) por Khadak, una historia de ficción codirigida con el belga Peter Brosens sobre una familia de pastores y chamanes de Mongolia cuya existencia cambia por completo con la llegada de un convoy militar. Los soldados los intiman a abandonar sus tierras ante la inminencia de una plaga que amenaza a sus animales e incluso sus propias vidas.
Pero no sólo se vio en Venecia cine “de” mujeres sino también “sobre” mujeres. En este terreno, el cine latinoamericano ofreció dos interesantes exponentes como Mientras tanto, segundo largometraje del argentino Diego Lerman (Tan de repente), y Suely in the Sky, también segunda película del brasileño Karim Aïnouz (Madame Satâ).
En Mientras tanto, Lerman eligió como protagonistas a dos jóvenes en crisis con sus parejas, con el mundo y consigo mismas (notables trabajos de Valeria Bertuccelli y María Merlino, esposa del director en la vida real). Entre el collage y las viñetas, constantes cambios de tono y de registro, y múltiples subtramas que se entrecruzan, este cineasta de sólo 30 años propone un film muy intenso que se sustenta en las emociones, en las sensaciones, en los estados de ánimo antes que en hechos concretos, y alcanza a transmitir en toda su intensidad la violencia contenida (que inevitablemente termina por explotar), la humillación, el patetismo, la alienación, la angustia y la incomunicación que se perciben en la Buenos Aires contemporánea.
En Suely in the Sky (O Céu de Suely), la excepcional actriz Hermila Guedes encarna a una veinteañera que regresa a su pueblo natal con un hijo luego de una frustrante experiencia en San Pablo. Traicionada por su novio, buscará en la solidaridad familiar, en un hombre maduro del lugar, en viejas amistades, en penosos trabajos y en algún coqueteo con la prostitución un mínimo resquicio que le permita escap |