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| Off Side, del iraní Jafar Panahi |
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La nominada
Por Pablo Suárez | 20.3.2007
La eliminación de la sección La Mujer y el Cine del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata despertó un gran debate sobre sus límites y potencialidades. ¿Es esencial una sección de cine de género para garantizar esa suerte de cupo femenino en un festival? ¿Cuáles son los costos de su eliminación? Hombres y mujeres del mundo del cine, programadores, directores y realizadores analizan los efectos.
Después de casi una década, la sección La Mujer y el Cine, curada por la actriz Marta Bianchi, no formó parte del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pero la noticia no es nueva. Unos cuantos meses atrás, ya fue difundida en varios medios y hasta alcanzó el nivel de la polémica, con sus correspondientes defensores y detractores, los unos y los otros igual de convencidos en sus posturas. Finalmente, quedó como un asunto cerrado. Hoy, a pocos días de haber finalizado la 22 edición del Festival Internacional de Mar del Plata, hay nuevas preguntas en relación a la remoción de una sección que fue significativa, necesaria y, también, quizás un tanto “restrictiva” en la selección de películas que la conformaban. Aunque para formular las nuevas preguntas hace falta volver a la primera de todas: ¿Por qué fue eliminada la sección La Mujer y el Cine?
Según el cineasta Miguel Pereira, quien fue presidente y director artístico del Festival durante los últimos 5 años, la diferencia de criterios entre la curadora de la sección y la línea general propuesta por el festival llegó a un punto en el que se hizo, literalmente, insostenible. “Por un lado, en La Mujer y el Cine se podían ver obras realmente muy interesantes de directoras mujeres ya consagradas, obras que eran muy valiosas y que, sin duda, daban cuenta de la diversidad de la mirada femenina. Pero, por otro lado, aunque pueda sonar paradójico, esta diversidad estaba acotada y muy claramente delimitada. Es que la sección sólo aceptaba películas de ficción dirigidas por mujeres y filmadas en 35 mm. No había lugar para el documental, excepto muy raras excepciones, ni para películas realizadas en formato digital. Tampoco había una búsqueda de nuevas realizadoras a nivel global, sino más bien una muy cuidadosa selección de las mejores películas ya premiadas en otros festivales, al menos en su gran mayoría. Y, comparativamente, la presencia de películas europeas, norteamericanas y asiáticas era mucho más grande que la de películas latinoamericanas, que siempre eran muy, muy pocas. Y de la producción argentina, poco y nada”.
Durante sus años de gestión, Pereira pidió reiteradamente que se efectuaran cambios en la sección para que otras películas también pudieran ser consideradas. Películas producidas, y no solamente dirigidas, por mujeres, por ejemplo, o películas en formato digital. También, más películas latinoamericanas y una búsqueda enfocada hacia nuevas realizadoras. Las ediciones del festival se sucedieron una tras otra, los cambios no se efectuaron y, finalmente, la sección se eliminó. Al poco tiempo, la polémica. Y muy poco tiempo después de la polémica, el silencio.
Hoy, meses después, es el momento de nuevas preguntas: ¿Es esencial tener una sección llamada La Mujer y el Cine dentro de un festival de cine para garantizar la inclusión de la mirada femenina? Para hacer justicia a la diversidad de identidades de género, ¿habría que tener también, una sección llamada Los Gays Varones y el Cine? ¿O Las Transexuales y el Cine? ¿Las Travestis y el Cine? ¿Una película hecha por mujeres es, por definición, una película con una mirada de género? ¿Un varón heterosexual no puede hacer una película con una mirada femenina? ¿No deberían estar las mujeres representadas en todo el festival y no solamente en una sección? Y siguen.
La mirada de Angeles Anchou, a cargo de las Master Classes y los Invitados Especiales del festival, da cuenta de una reflexión que busca abrir nuevas puertas a la vez que pugna por conservar derechos ya adquiridos. “Toda gestión cultural tiene por detrás un modelo de sociedad deseable, esté o no explícitamente reconocida, y creo que el festival de cine, más aún cuando depende del Estado, debe tomar posición para promover aquellos valores y la transformación de prácticas que promuevan el desarrollo de una sociedad mejor para mujeres y varones. En este sentido, creo que es esencial que se reconozca explícitamente la a |