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Las sacerdotisas de Momo
Por Lorena Villafañe, desde Mendoza | 21.2.2007
La murga es una manifestación artística de un histórico dominio masculino, donde las mujeres se fueron metiendo a fuerza de aguja e hilo hasta que lograron ahora crear su propio espacio. La Mascarada es la única formación murguera compuesta enteramente por mujeres, son mendocinas y desde el año 2000 vienen avanzando y sentando presencia en los Carnavales argentinos y en los tablados uruguayos.
Suenan los platillos, bombos y redoblantes. En la interpretación del mensaje final, el canto y la teatralización se adueñan del espacio. Y aunque el tono de la voz no sea grave, en el ahínco y la diferencia está la razón de ser. La Mascarada es la única murga de estilo uruguayo compuesta enteramente por mujeres. Lo es tanto en Argentina como, que se sepa, en la cuna de esta manifestación artística: la República Oriental del Uruguay.
Están en pie desde el 2000 y cada vez se consolidan más en un ambiente por naturaleza masculino. El año pasado se abrieron paso en el Carnaval de Montevideo, destacándose no sólo por su esencia femenina sino también por la producción de sus trajes, el cuidado de los detalles en la vestimenta y en el maquillaje y el toque teatral que dan a cada una de las interpretaciones.
Es así como estas mendocinas este febrero partieron nuevamente a cumplir con el ritual oriental, a ofrecer una serie de actuaciones en distintos lugares de Montevideo. El 23 de este mes se presentarán en la Posada Retos al Sur, a las 19. Mientras que, el 24, lo harán en el teatro El Galpón. También recibieron una invitación para actuar en el tablado municipal de esta capital.
“Las mendocinas” es la contraseña para entrar a distintos lugares murgueros. Es como las conocen en esta ciudad y como ellas se anuncian para que las identifiquen. La Mascarada, en su tierra natal, es una de las dos únicas murgas de estilo uruguayo que hay.
Está compuesta por 14 integrantes, que abren un abanico etáreo entre los 19 y los 47. Marcela Aravena es la directora general; Julia Stern, la directora de canto; Graciela Savicovich, Diana Marín y Emilia Roitman, cuerda soprano; Teresa Rodríguez, Romina Sánchez y Alejandra Roitman, cuerda mezzo soprano; Manuela Dávila, Laura González, Virginia Diblasi y Marcela Aravena, cuerda contralto. La batería está compuesta por Mariana Gómez (redoblante), Erica Tankilevich (platillos) y Cintia Bartolomé (bombo).
Las integrantes fundadoras de La Mascarada se desprendieron de la formación mixta La Repicante. “Se pensó en una murga de mujeres en ese momento. Eramos cinco que conocíamos de la murga uruguaya y nos dedicamos a investigar los instrumentos y los coros”, contó Mariana Gómez.
El primer espectáculo lo dieron en el 2000 y se llamó “Nuestras lechuzas internas”. “Hablábamos de nosotras –continuó Mariana. Era una visión femenina de lo que era cada una. Los miedos de una persona que nunca hacía nada porque era muy joven o porque era muy rubia”.
Entre las presentaciones fueron creando “La Maquinaria de las almas” (2003). “Si bien la murga implica una crítica, tratamos de no desresponsabilizarnos. Por eso La Maquinaria... hablaba de lo tontos que somos todos, de cómo caemos en cosas insustanciales, en discursos que nos embaucan”, contó Emilia Roitman.
Para todos sus espectáculos La Mascarada realiza un despliegue visual que se refleja en la originalidad de sus vestuarios, las luces y el despliegue sobre el escenario. En La Maquinaria... los trajes eran blancos y negros y su confección acentuaba la idea de una figura femenina. Como la temática principal era la posmodernidad y su automatización, su ataque a la identidad y su enajenación, el espectáculo era más “retorcido, más oscuro, más poético”, lo calificó Roitman.
Ya para esa oportunidad recibieron el asesoramiento de Federico Alberti, de la reconocida murga uruguaya A Contramano. Y fue en sus manos que dejaron los arreglos de la melodía. “Aprendimos mucho de él. Nos enseñó fórmulas conocidas de la estructura de la murga”, agregaron las murgueras.
De estreno
El siguiente espectáculo, y el que presentarán en esta oportunidad en Uruguay, narra la “Crónica de un día cualquiera” (2006). Esta vez, las integrantes de esta murga decidieron dar un salto radical en la temática a tratar. “Estuvimos investigando un año. Queríamos hacer algo más absurdo, alejarn |