|
'El Día Internacional de la Mujer me ocasionó un trabajo agobiante'
Por Annelies Laschitza* | 5.3.2008
Así escribía Clara Zetkin a uno de sus hijos el 7 de marzo de 1928. Y añadía, a los 70 años, que estaba agotada. Su otro hijo, Máximo, protestaba por esto diariamente y ella, con un tanto de malicia e ironía, comentaba: 'No hubiera tenido que 'inventar' en 1910 el Día de la Mujer'.
Así era Clara Zetkin. En las cartas a sus hijos y amigos más íntimos no ocultaba nada, expresaba sus emociones momentáneas. ¿Quién no ha tenido instantes en los que en medio de un trabajo dedicado íntegramente al progreso de la sociedad, se pregunta: '¿Será necesario todo ésto?', Y que en un resuelto 'sí' encuentra nuevas fuerzas para continuar. Esto le ocurrió a Clara Zetkin ese 7 de marzo de 1928, cuando innumerables compromisos abrumaban a la creadora del Día Internacional de la Mujer. Pero una vez más encontró energías para proseguir como siempre la lucha por la igualdad de los derechos políticos y sociales de la mujer; para alertar a las mujeres del mundo entero ante la amenaza de la guerra imperialista y conquistarlas para la lucha activa por la paz.(…)
(…) Clara Zetkin dedicó casi cuarenta años a la lucha por la formación de un potente movimiento femenino internacional de las trabajadoras y de todas las fuerzas democráticas y pacíficas. Cuántas veces habrá recordado aquel Congreso Internacional de Trabajadores, de julio de 1889, en París, donde como delegada de las obreras berlinesas pronunció su primer gran discurso sobre el problema femenino.
Defendió apasionadamente el derecho de las mujeres al trabajo y a la independencia económica, el derecho de las obreras a participar en la lucha de su partido. Estaba enormemente emocionada, y es probable que ignorara que era ese un momento histórico, el comienzo de una importante parte de su obra: la lucha por la organización del movimiento femenino socialista alemán e internacional.
Cuando en el otoño de 1900 participó nuevamente en París junto con Rosa Luxemburgo en el Congreso Internacional Socialista, ya se sentía mucho más segura y tenía cabal conciencia de que era preciso oponer a la peligrosa alianza mundial de la reacción imperialista la alianza internacional de los trabajadores. En ésta no debían faltar los jóvenes ni las mujeres. Con el imperialismo de comienzos de siglo aparecía el fantasma del genocidio, que constituía una amenaza para la felicidad de los pueblos, para millones de familias, para el desarrollo de la mujer como personalidad con plena igualdad de derechos, para la salud de la infancia, la vida y el porvenir de la juventud.(…)
(…) ¡Ser más eficaces!... era la tarea más importante para Clara Zetkin en la labor entre las masas trabajadoras femeninas, para lograr una mayor participación de las mujeres en la lucha mundial por la paz, la democracia, el progreso social, la independencia nacional y la solidaridad internacional. “Hagan amistad con una obrera de mente abierta en una fábrica”, decía Clara Zetkin a las organizadoras...'que hable con sus amigas. Trabajen sistemáticamente en esa dirección. Convoquen luego a una reunión de un departamento, de un taller, de una fábrica ... no se asusten si al principio sólo concurren unas pocas. ¡Continuen!'. Las socialistas de entonces siguieron su consejo. Fueron a las fábricas y a las casas de la trabajadoras. Fueron también a ver a las esposas de los pequeños comerciantes, donde las trabajadoras hacían sus compras, a las esposas de los panaderos y zapateros. La agitación en los talleres fue desarrollándose, fueron créandose comisiones reivindicativas en las cuales las obreras podían plantear sus problemas. Se formaron comisiones para la protección de la infancia; grupos de estudio, llamados 'veladas literarias', donde las mujeres y las jóvenes discutían problemas políticos, así como acontecimientos corrientes, y en los que podían familiarizarse con la literatura y el arte. Empezaron a elaborarse principios para la educación de los niños. Las mujeres comenzaron a integrar los comités de huelga, a participar en las asambleas y en los piquetes de huelga. Pese a estar prohibido, acudían a las puertas de las fábricas con sus hijos, ayudando a interceptar el paso, a detener a los rompehuelgas, distribuyendo volantes.
Tod |