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Más pobres que nunca antes
| 14.5.2007
Por A. W.- En los últimos 10 años la participación femenina en los mercados laborales del mundo se ha incrementado; sin embargo este progreso no estuvo acompañado por la generación de trabajos decentes y productivos. Según el informe anual de la OIT, Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres, esto no implicó un verdadero empoderamiento económico y social, en especial para las mujeres de las regiones más vulnerables.
Muchas mujeres que trabajan o buscan empleo no logran superar la pobreza en la que viven junto a sus familias, particularmente en América Latina y el Caribe, África del Norte y Subsahariana, Asia Meridional y Medio Oriente. En la edición de 2006 del informe anual Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres se conoció que al menos 60 por ciento de la totalidad de trabajadores y trabajadoras pobres eran mujeres.
“No hay razones para creer que esta situación haya experimentado variaciones importantes”, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en un resumen de las tendencias mundiales de 2007, cuyo texto final se publicó hace días. Se denuncia inclusive que existe un proceso de feminización de la pobreza que puede ser heredado por la siguiente generación. “La evidencia estadística y anecdótica demuestra que las mujeres representan una proporción cada vez más grande tanto de los pobres del mundo como de los trabajadores pobres”.
La nueva actualización y análisis de los indicadores laborales por parte del organismo internacional muestra igualmente que más mujeres que nunca antes participan en los mercados de trabajo del mundo. Según números absolutos, en 2006 esa concurrencia fue de 40 por ciento, frente a 39,7 por ciento diez años atrás. Además, la intervención femenina en trabajos remunerados y asalariados aumentó de 42,9 por ciento en 1996 a 47,9 por ciento el año pasado.
De todas maneras se aclara que si bien “las políticas diseñadas para mejorar las oportunidades de participación de las mujeres comenzaron a dar resultados, la mejoría es lenta”. Concretamente, priorizar el empleo en las políticas económicas y sociales no significó un mayor acceso de las mujeres al sector moderno, con trabajo asalariado, permanente y a tiempo completo, tal como se creía que ocurriría.
Económicamente activas
La síntesis de las tendencias laborales de 2007 señalan que nunca antes hubo tantas mujeres económicamente activas. La fuerza de trabajo femenina –comprende a empleadas y desempleadas– subió de 1,1 miles de millones en 1996 a 1,2 miles de millones en 2006. Este incremento fue particularmente elevado en América Latina, Medio Oriente, África del Norte, Unión Europea y en las Economías Desarrolladas, es decir que en estas regiones se redujo la brecha de participación en la fuerza de trabajo entre varones y mujeres. En cambio, en África Subsahariana y Asia Oriental se acrecentó: en la primera región, en 2006 fue 0,3 puntos porcentuales más amplia que hace 10 años, y en la segunda, subió casi 1 punto porcentual. En las Economías Desarrolladas, Unión Europea, Europa Central y Oriental, CEI (Bulgaria y Rumania) y Asia Oriental, 80 mujeres por cada 100 varones son económicamente activas. En África Subsahariana la relación es de 75 por cada 100. En Asia Sudoriental y el Pacífico de 73 por cada 100 y en América Latina y el Caribe de 69 por cada 100. Las mayores diferencias se encuentran en Asia Meridional con 42 por cada 100, y Medio Oriente y África del Norte, con 37 por cada 100.
El registro de variaciones a nivel regional sobre la situación del empleo para hombres y mujeres constituye una novedad, y las Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres de este año contienen más de un ejemplo. Ante todo hay un guarismo relacionado al desarrollo socioeconómico capaz de demostrar el retardo en el proceso de incorporación de las mujeres a los mercados laborales. “Hace 10 años había 66 mujeres activas por cada 100 varones y en 2006 ese número estuvo casi al mismo nivel con 67 por cada 100”, se establece en el resumen.
Este ligero incremento no implica que el mundo del trabajo esté evolucionando en forma positiva para las mujeres. En ese sentido falta información sobre si están efectivamente empleadas y sobre la calidad de los empleos. No obstante la OIT estimó la situación del trabajo a partir de tres clases de empleo: trabajadores remune |