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¿Cuándo sea grande querré ser mamá?
Por Lourdes Landeira | 4.12.2009
Durante octubre y noviembre dictamos una Clínica sobre periodismo con enfoque de género en la Escuela Eter. Aquí reproducimos una nota producto de este taller.
'Yo de niña soñaba con ser princesa y que me organizaran mi gran baile; mi hija siempre supo que quería ser abogada y proclamaba su ideal de luchar por la justicia; hoy mi nieta juega a ser presidenta aunque todavía no sabe muy bien para qué.' Elisa no menciona el deseo de ser madre entre las fantasías de esas niñas entre las que se incluye, porque cree que eso está implícito en la condición de mujer.
'Como soy la menor de cuatro hermanos varones, mis padres se desquitaron y me regalaron todo tipo de muñecas y juegos de té y cocinas y muebles en miniatura, con los que pasé horas de mi infancia jugando a ser ama de casa. Sin embargo de adulta postergué la maternidad hasta que me di cuenta que no era lo mío.' Catalina ríe y desliza en su tono cierto orgullo por haberse animado a romper la tradición.
Mientras continúa vigente el debate acerca de si hay un instinto materno o si lo que hay es un mandato construido cultural y patriarcalmente, la mayoría de las mujeres sigue queriendo o eligiendo tener hijos, pero algunas deben esforzarse más que otras para lograrlo.
¿Quiero engendrar o quiero ser madre?
'Siempre supimos que queríamos tener un varón y una nena, típico, a pesar de que yo no era ninguna Susanita. Pero como nos casamos muy jóvenes decidimos tomarnos un tiempo para nosotros antes de ser padres. Un año después de abandonar los anticonceptivos y que nada pasara nos empezamos a preocupar y largamos la maratón por infinidad de consultorios médicos. Agotada física y emocionalmente, con la presión de familia y amigos sobre mis hombros, estaba a punto de comenzar el cuarto tratamiento. Y entonces dije basta y me pregunté qué buscaba. ¿Quiero engendrar o quiero ser madre? Mi esposo se resistió al principio pero luego lo entendió.'
Marta y Enrique cambiaron entonces las clínicas por las dependencias públicas del Consejo del Menor, en busca de la adopción legal de sus futuros hijos. No importaba cuánto tiempo llevara, lo que sabían era que no estaban dispuestos a pagar por obtenerlos. Ni a las redes ilícitas de venta de bebés, ni a las organizaciones legales que ofrecen servicios de armado de carpetas, ni a jueces corruptos. Tres años después recibieron a Camilo y dieciocho meses más tarde a Ana Clara. 'Nunca dudamos acerca de contarles la verdad sobre su origen. Cuando eran chiquitos les leíamos cuentos de animales que por distintos motivos no podían ser criados por sus padres, y entonces eran incorporados a otras familias que los acogían y deseaban.'
Muchos dicen que la naturaleza es sabia y que el período de gestación de nueve meses en los seres humanos obedece a que es el tiempo que la mujer necesita para hacerse a la idea de lo que vendrá. Dicen que la preparación del ajuar del bebé es parte del proceso de adaptación de la madre. 'Desde que nos inscribimos en el registro de adopción fue como estar embarazada, solo que la espera no tenía término predeterminado, y mi cuerpo no fue cambiando. Yo estaba trabajando cuando nos convocaron para darnos la noticia. El juez nos había elegido y nuestro hijo nos esperaba. Enseguida la familia salió a comprar cochecito, cuna, ropa, todo en un solo día. La casa se revolucionó y nuestras vidas también.'
Nosotras también podemos
'Lo que más me gustaba de chica era armar rompecabezas. A medida que iba creciendo me los iban regalando de más piezas y la tarea se iba complejizando. También la felicidad de lograrlo crecía ante cada desafío superado. Al terminar el secundario resolví ser maestra, en ese momento en el que siendo tan chicos tenemos que tomar lo que sentimos que son grandes decisiones. Adoraba a los niños pero creía que nunca iba a tener los propios. Cuando conocí a Analía, mi pareja desde hace ocho años comenzamos a fantasear con la idea de tener hijos y poco a poco fuimos encastrando las piezas que nos llevarían a lograrlo.' Si bien la legislación argentina no prevé la adopción por parte de parejas homosexuales - Uruguay recientemente aprobó una ley en este sentido - sí permite que a personas solas, con más chances si son mujeres que varones, se les otorgue la custodia de un menor sin familia.
Pero Graciela fue por más. 'Yo veía que los ojos de Analía se iluminaban cada vez que hablábamos de hijos, pero también veía que una sombra asomaba cada vez que se pronunciaba la palabra adopción. Al principio creía que era porque a quienes no se presentan como pareja heterosexual formalmente constituida generalmente se los convoca para casos de chicos algo mayores o con alguna enfermedad más o menos delicada, en un acto de clara discriminación para ambos. Pero pronto comprendí que lo que más le dolía era saber que no iba ella a vivir la experiencia en su propio cuerpo. Días, noches, semanas y meses de charlas, privadas algunas, y compartidas con amigos otras, fueron haciendo confluir los fragmentos del todo que buscábamos desde el día en que nos dijimos: nosotras también podemos.
Ricardo, un querido amigo aportó lo que hacía falta para concebir a Matías. Creemos en la gente más que en las leyes que se nos imponen y confiamos en honrarnos y no defraudarnos a nosotras mismos. Ricardo siempre tendrá un lugar especial en nuestra vida y la de nuestro hijo.' Graciela vivió el parto en el que Analía dio a luz al hijo de ambas, con una emoción que asegura no va a olvidar en la vida. 'Afuera esperaba ansioso Ricardo'.
Era mi derecho tener un hijo
'Me recibí en cinco años de socióloga mientras trabajaba a tiempo completo y hacía una sola comida diaria. Me estabilicé en un empleo que disfruto tras haber transitado por puestos ingratos. Me mudé a mi casa propia construida a través de una década de participación en una cooperativa de viviendas. Después de todo esto y de convivir por años con el compañero que elegí y me eligió, creí que había llegado el momento de ser madre. Pero claro, esto tampoco iba a ser fácil para mí, yo ovulaba normalmente y él tenía espermatozoides suficientes y móviles, pero el embarazo no llegaba.' Adriana había cumplido en ese momento treinta y cinco, y si bien no era como su hermana mayor que pasó toda su infancia diciendo que cuando fuera grande iba a ser mamá, sabía que la maternidad sería parte de su vida. Y por supuesto no se dio por vencida.
'Uno tiene que conectarse, aprender de medicina, leer, interiorizarse y finalmente tomar una decisión sobre el camino a seguir, en el que inevitablemente debe considerar el tema económico, ya que los tratamientos son muy caros.' Como la infertilidad no está considerada una enfermedad en la legislación argentina, el PMO (programa médico obligatorio) no cubre los costos de la fertilización asistida a la que deben recurrir las parejas con esta problemática. 'Luego de algunos intentos fallidos con procedimientos de baja complejidad y tras cuatro años de andar caminos optamos por la donación anónima. Recibí dos óvulos que en laboratorio habían sido previamente fecundados con el semen de Mariano. Uno de ellos se prendió a mí y hace cuatro meses que nació nuestra hija Fernanda. No hace falta aclarar lo felices que estamos.'
Mariano dice que temía que la hija no heredara la inteligencia de su mujer, al no ser su hija desde el punto de vista genético. También dice que desde que vio a su bebé supo que sería igual a Adriana. 'La peleé porque creía que era mi derecho concretar mi deseo de tener un hijo, del mismo modo que creo que tienen derecho a elegir abortar todas las mujeres que enfrentan un embarazo no deseado y no quieren proseguir con él'.
Mujeres al fin
Catalina, la que se rebeló, en su rol de asistente social se enfrenta diariamente a adolescentes embarazadas que se manifiestan felices de estarlo, porque dicen que un hijo es lo único propio que pueden tener. Elisa, la esposa tradicional, no entiende a esas mujeres sin pareja estable que recurren a la donación anónima de semen para ser madres, porque dice que no sabe cómo le explicarán a sus hijos su propio origen y la pérdida de parte de su identidad.
Adolescentes, solteras, Elisas, Martas, Analías, Gracielas, Adrianas, todas arribadas a la maternidad desde distintos lugares, pero con un motor común, el deseo. ¿Acaso alguna de ellas podría cuestionar el camino elegido por la otra o aún la decisión de las Catalinas que dicen que no?
Por instinto, por mandato o en contra de él, las mujeres, madres o no, siguen día a día peleando por sumar derechos y opciones a sus vidas propias y a las por ellas concebidas. |